• abril 1, 2015

Cómo mejorar el éxito laboral desde las habilidades sociales

Coaching y Comunicación.

Cómo mejorar el éxito laboral desde las habilidades sociales

Mejorar las habilidades sociales y de comunicación son unos de los objetivos que con más frecuencia me plantean en los procesos de Coaching. Al principio se trataba sobre todo de directivos pero cada vez me encuentro con más jóvenes, profesionales en el inicio de su carrera que recurren al coaching con este propósito

¿Cuál es el motivo?

Todos sabemos que el éxito académico no siempre predice el éxito laboral. Daniel Goleman  ya se ocupó de divulgar muchos de los estudios que dieron a conocer cómo, por ejemplo, el coeficiente intelectual (CI) contribuye con apenas un 20% en nuestro éxito en la vida y profesión y que el 80% restante es el resultado de la inteligencia emocional. Pero estos mensajes no nos llegan hasta que no los sufrimos en nuestra propia carne. Y… ¡cómo duelen!

Aunque reconocemos su importancia, la realidad es que durante nuestra vida académica no nos evalúan ni nos forman en ello, por lo que muchos concentran sus esfuerzos en lo que se les pide y valora que no es poco: expediente académico, idiomas, dominar ciertas tecnologías, herramientas o conocimientos específicos.  Las dificultades de muchos jóvenes comienzan en las primeras entrevistas de trabajo o en las dinámicas de grupo, donde se les pone a prueba por unas habilidades de comunicación y sociales que apenas han podido desarrollar. Pero la sorpresa viene después, cuando consiguen acceder al puesto y la empresa de sus sueños y después de unos meses de largas jornadas laborales y grandes dosis de trabajo y esfuerzo, realizan su primera Evaluación del Desempeño  y descubren, algunos sólo con sorpresa y otros con verdadera angustia, que para desarrollar con éxito o incluso mantener su puesto de trabajo necesitan adquirir unas competencias de comunicación y sociales que van más allá de las que adquirieron al formarse para su profesión y para las que algunos no se ven capaces. Descubren que se trata de competencias fundamentales, no solo para interactuar con su equipo,  jefes, colaboradores o clientes, sino sobre todo, para conseguir los objetivos de la empresa.

¿Para qué las habilidades sociales?

Tener o no habilidades sociales determina la calidad de las relaciones laborales y personales, con la familia, los amigos y todas las personas del entorno. Las personas que tienen buenas habilidades sociales saben construir, mantener y cuidar sus relaciones y además son capaces de sacarle mayor provecho a las mismas. Son personas que reciben más afecto, cariño y atención de los demás, mientras que aquellas que tienen pocas habilidades sociales a menudo son rechazadas, ignoradas o apartadas. Aprender a relacionarse depende en gran parte de un conjunto de conductas y actitudes aprendidas durante la infancia y adolescencia pero,  aunque los primeros años son más relevantes, la buena noticia es que son capacidades que se aprenden durante toda la vida a través de la experiencia.

 ¿Cómo identificar mis puntos fuertes o débiles en habilidades sociales?

 La evaluación del desempeño no es lo único que nos puede llevar a descubrir qué es eso que nos conviene cambiar. Constantemente estamos recibiendo respuestas de los demás sobre nuestras conductas que nos indican cómo comportarnos; sus expectativas y respuestas son indicadores de que nuestra actitud y comportamientos son o no aceptables.

Existen diferentes tipos de habilidades sociales dependiendo de las áreas en las que se evalúen. Puedes descargarte esta lista:  tipos de habilidades sociales (C&C), para identificar las tuyas o las que consideres que necesitas mejorar (Fuente: Laura Rojas-Marcos. La familia. De relaciones tóxicas a relaciones sanas. Grijalbo 2014. P 96-97.)

¿Se puede cambiar o aprender a relacionarse? ¿Dejar de ser tímido?

Saber relacionarse requiere numerosas actitudes que incluyen saber conectar y crear vínculos, así como comunicarse con claridad con los demás a través de la escucha, la comprensión, la empatía y la resolución de conflictos. Muchos pensarán que es un reto muy difícil, otros incluso en su primera sesión hablan de ello como algo imposible. Pero lo cierto es que con ganas de aprender y un plan de acción lo consiguen en poco tiempo.

Como en cualquier otro proceso de coaching, el primer paso para desarrollar y mejorar nuestras habilidades sociales es desear aprender y estar dispuesto a pasar a la acción, es decir, a incorporar nuevos hábitos. Realizar conductas que supongan sentirse incómodo al principio es necesario, salir de la zona de confort o comodidad es necesario en cualquier aprendizaje. Practicar un nuevo hábito es lo que nos ayuda a familiarizarnos con una nueva forma de hacer las cosas. Pero cuando tomamos la decisión de salir y hacer cosas diferentes, debemos aceptar que se producirá un cierto grado de estrés, inseguridad, ansiedad e incluso miedo, pues es lo que implica hacer algo nuevo o diferente. En esta fase, aprender a manejar las emociones negativas o nuestro diálogo interior es fundamental. Una vez que se ha dado este paso, mantener ese hábito ya es fácil porque desde el principio uno empieza a verse capaz y a disfrutar de los beneficios de hacer las cosas de un modo diferente. Practicar un nuevo hábito nos ayuda a familiarizarnos con la nueva forma de hacer las cosas. Las personas no son tímidas, pueden estar siendo tímidas y dejar de seguir siendo tímidas. Las acciones se convierten en hábitos y los hábitos son los que configuran en carácter.

El Coaching en la sociedad moderna, no solo aporta una ventaja fundamental en la comunicación, sino además permite conquistar ese horizonte personal en el que todo es posible. Mi misión como Coach es desarrollar el talento y proyectar a la persona a sus metas de futuro.

 

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¡Hasta la próxima!

Belén San Miguel

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