• abril 1, 2020

Qué puedes hacer como líder para no propagar “la pandemia emocional” de los que están a tu cargo

Coaching y Comunicación

Qué puedes hacer como líder para no propagar “la pandemia emocional” de los que están a tu cargo

El estado de alarma no sólo es un decreto del gobierno

Con la llegada del coronavirus y tras decretarse el estado de alarma, la ansiedad está a la orden del día. Nos enfrentamos a pérdidas muy dolorosas de seres queridos, de salud, de trabajo, económicas o de libertad de movimiento y, como consecuencia, a emociones muy intensas de miedo, tristeza, tensión, rabia, impotencia o incertidumbre que nos invaden a cada momento.

El estado de alarma no sólo es un decreto del gobierno, sino también un estado emocional de alerta que nos acompaña en estos días por el hecho de estar sometidos a una situación de alarma constante y no encontrar recursos suficientes para responder a lo que consideramos un peligro sin precedentes.

Sabemos que las emociones son reacciones que no podemos ni evitar, ni elegir. Decimos tener emociones, pero en realidad son ellas las que nos tienen a nosotros, incluso en estas ocasiones nos invaden y secuestran.

Como líderes podemos asumir la responsabilidad de no propagar emociones nocivas

Por si fuera poco, otra característica de las emociones es que son muy contagiosas y actúan con la rapidez de un virus. Además, estos sentimientos de incertidumbre, descontrol, angustia, desesperación y pánico causan todavía mayores estragos en personas emocionalmente vulnerables, que están trabajando bajo presión, en ancianos y niños.

Es por ello por lo que creo que quienes estemos desempeñando un papel de liderazgo o tengamos personas de estas características a nuestro alrededor o a nuestro cargo debemos de ser CONSCIENTES DE LA RESPONSABILIDAD que tenemos de evitar su propagación.

Lo cierto es que, igual que no podemos elegir nuestras emociones, ni evitar contagiarnos de ellas, sí podemos darnos cuenta de cómo nos sentimos y elegir lo que queremos hacer con ellas. Y buena elección puede ser esa, la de comprometernos con disminuir nuestra reactividad para no sufrir sus consecuencias y no contagiar a los que nos rodean de esos “virus emocionales”, tan nocivos e invalidantes como el miedo o la ansiedad. Creo que puede ser nuestra mejor contribución en estos momentos en los que buscamos dar lo mejor de cada uno.

¿Cómo podemos disminuir nuestra reactividad?

Podemos desarrollar un recurso que consiste en usar la mente para cambiar el cerebro, para cambiar la mente de un modo beneficioso para nosotros y nuestro entorno (Referencias: Beatriz Rodríguez Vega Psiquiatra HULP Y UAM, Blanca Amador Sastre Psicóloga Clínica HULP)

Se trata de algo que llevo practicando con más o menos rigor desde años y que me ha servido y me sigue sirviendo para cuidarme, no contagiar , ni alimentar estas emociones nocivas e innecesarias y, en situaciones muy dolorosas, mantener la calma y serenidad.

Nuestro cerebro es capar de ir cambiando con las experiencias

La mente humana funciona de modo automático, saltando de un pensamiento a otro, de una sensación corporal o de una emoción a otra, constantemente. A lo largo del día podemos tener más de 60.000 pensamientos. Se dice que la mente humana tiene naturaleza de mono que va saltando de rama en rama. Tras cada pensamiento en la vida, tras cada experiencia, existe actividad de las neuronas en el cerebro, lo que percibes cada día en tu vida cotidiana, lo que sientes, lo que piensas, al irse repitiendo va esculpiendo también la actividad de nuestro cerebro y hace que este vaya cambiando con la experiencia. Una regla de la neurobiología, la que es conocida como teoría de Hebb dice que las neuronas que se disparan juntas tienden a seguir conectándose y disparándose juntas y de esta forma se van produciendo cambios en el cerebro que a su vez hacen cambiar a la mente que no es otra cosa que el flujo de información. Y al cambiar la mente también cambia la forma de percibir tu realidad, la forma en la que piensas o en la que sientes. Este proceso se conoce como plasticidad cerebral o neuroplasticidad y consiste en la capacidad del cerebro de ir cambiando con las experiencias.

El cerebro es un órgano de memoria y predicción

El cerebro humano está preparado para predecir el futuro, una función que le fue muy útil para la evolución de la especie porque apartaba al humano de peligros que a través de la mente podía predecir antes de que sucedieran. Así, al percibir algo nuevo, el cerebro salta, conecta automáticamente con otras situaciones parecidas que haya sufrido en el pasado para intentar construir la percepción más probable de lo que esté sucediendo en ese momento. Pero ese pronóstico, esa anticipación se basa en repetir aquello que está muy acostumbrado a predecir y además lo hace con un sesgo, una predisposición a predecir hacia lo negativo, tendiendo siempre a hacer anticipaciones del peligro o de posible daño. Para la supervivencia, sin duda, fue mucho más importante prepararse para un peligro y anticiparse que anticipar un momento de placer o de bienestar. Es decir, el cerebro es un órgano de memoria y predicción, funciona basándose en unos pocos datos del pasado para construir la predicción más probable hacia el futuro.

Así, por ejemplo, el miedoso está dispuesto a ver pistas de miedo, el que reacciona habitualmente con rabia está predispuesto a ver y anticipar ataques en los gestos de otras personas. Cuando las experiencias pasadas han sido perjudiciales o dañinas nuestra mente refuerza ese recuerdo almacenado con más intensidad que cuando las experiencias han sido placenteras. Gran parte de esta actividad se realiza fuera de la conciencia, es una actividad de la que no somos conscientes, Ya ves no hay nada malo en nosotros, solo que somos seres humanos.

Científicos como Reed Hudson se basan en estos datos de la neurobiología y proponen utilizarlos de modo práctico, usar la mente para cambiar el cerebro para cambiar la mente de modo beneficioso para ti y para tu entorno. Aferrados al pasado y anticipando el futuro nos perdemos el tiempo en el que realmente estamos vivos. ¿Sabes cuál es ese tiempo? ¿Esa hora? Justo ahora, mientras estás leyendo, mientras te das cuenta de que estás respirando.

¿Qué nuevas vías neuronales puedes crear?

La clave es la atención, si pones atención en la gratitud, en la compasión, la amabilidad o la alegría se van construyendo unos determinados caminos o vías neuronales en nuestro cerebro, mientras que, si pones la atención en la tristeza, envidia o el rencor, facilitas que se desarrollen otras vías neuronales diferentes.

Observa tu intención ¿Qué intención está por debajo de tus acciones, de tus pensamientos o tus emociones? ¿Qué vías neuronales estás fomentando en este momento? O ¿qué semillas de pensamientos o emociones estás alimentando justo ahora? ¿estás plantando las semillas de la tristeza, el rencor, de la frustración? o al contrarío ¿estás dejando germinar lo que se convertirá en alegría y bienestar? Como ejemplo, párate a observar cómo te sientes ahora mismo, en este instante, al recordar una noticia o una situación desagradable que quizá te ocupe en este momento. ¿Qué surge en tu cuerpo? ¿Qué pensamientos acuden a tu mente? ¿Qué sentimientos? ¿Puedes detenerte y darte cuenta de ello en este momento?

Sin necesidad de que nada desagradable esté ocurriendo ahora, al evocar esa escena estamos invitando a venir a nuestra imaginación personas, cosas, emociones, pensamientos que nos perturban. Vamos a cambiar ahora, a imaginar una situación distinta. Observemos qué es lo que ocurre si lo que evocas es la presencia de la persona amada, o un rato en una situación agradable, o una escena en la que te ves agradeciendo algo, ¿Cómo cambia esta sensación corporal? ¿Cuál es el sentimiento o pensamiento que surge con ella?  ¿Cómo te das cuenta de que estás experimentando una sensación agradable?

La mirada del niño que ve las cosas por primera vez

Mindfulness o Atención Plena es la práctica que se propone para cambiar este hábito de reacción, este camino habitual entre anhelar o temer el pasado y anticipar el futuro. Mindfulness propone atraer la atención al presente, es sólo ahora, en este momento, este presente dónde podemos recoger alguna información nueva, percepciones frescas que puedan modificar ese circuito sin fin entre el pasado y el futuro y poder ver las cosas con una nueva mirada, con la mirada del niño que ve las cosas por primera vez. Solo se puede cambiar algo en el momento presente. Mindfulness es un entrenamiento de la atención para traerla al momento presente y hacerlo de una forma particular, sin juzgar, sin luchar, sin criticar, de modo amable y compasivo con uno mismo. Mindfulness es una experiencia, un estado no verbal, por eso no se puede definir con palabras.

Son muchos los estudios científicos que avalan el efecto del Mindfulness en la mejora de la salud y el bienestar. Con Mindfulness o atención plena nos invitamos a volver a la espontaneidad, a la simplicidad y a ponerlo en práctica en la vida diaria, a estar presente en lo que está ocurriendo mientras está ocurriendo, sin juzgarlo, sin reaccionar a ello, sentarse por solo sentarse, inspirar y solo darse cuenta de que inspiras, espirar y solo darse cuenta de que expiras. De todas las cosas valiosas en el mundo, la mente es la más valiosa

Ahora, más que nunca, tenemos una magnífica oportunidad de poner en práctica nuestras habilidades de inteligencia o liderazgo emocional, de adquirir nuevos recursos que nos permitan regularnos emocionalmente y de utilizar este paréntesis y esta adversidad para entrenarnos y asumir la responsabilidad de contener la pandemia emocional. Ahora, en casa, teletrabajando o en trabajos de ayuda y emergencia, para que cuando volvamos a nuestro día a día, que no será el que dejamos atrás, volvamos mucho más fortalecidos, con nuevos recursos y habilidades.

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¡Hasta la próxima!

Belén San Miguel

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