• octubre 30, 2013

¿Qué puedo hacer para motivar a mi gente?

Ni el dinero es un factor motivacional determinante ni el líder incide directamente en la motivación de un trabajador.

¿Qué puedo hacer para motivar a mi gente?

Parece que el secreto de la motivación se ha convertido en algo misterioso: “Nada les importa, nada les mueve, no se dan cuenta de la situación…”.  Es uno de los temas recurrentes en muchas de las conversaciones con líderes o gerentes.

El quebradero parece que va a más cuando nos llegan titulares como el que ha publicado recientemente Gallup: “Apenas un 13% de los profesionales en el mundo son felices en su trabajo”. Bueno, ¿y qué puedo hacer para motivar a mi gente?

Parece que el secreto de la motivación se ha convertido en algo misterioso, como la “pócima mágica” que todos los líderes y empresarios quieren tener. Se debe a dos ideas muy extendidas y que traen de cabeza a la mayoría de los jefes: 1) el salario es un incentivo y 2) los jefes debemos motivar a nuestra gente. Y son falsos mitos porque:

  1. ni el dinero es un factor motivacional determinante
  2. ni el líder incide directamente en la motivación de un trabajador

La zanahoria y el palo cada vez resultan menos efectivos.

Aprendimos a combinar los castigos o “el palo” y las recompensas o “la zanahoria” para lograr que otros hicieran lo que nosotros queríamos. Se trata de motivadores externos que en situaciones de emergencia pueden ser muy efectivos o rápidos pero que, a la larga, resultan ineficaces. La zanahoria y el palo están pasando a la historia; cosa que nos viene muy bien, pues el palo no es políticamente correcto y las zanahorias son cada vez más escasas.

La motivación no existe, solo existe la automotivación

Es importante saber que la motivación reside en el interior de cada persona y está fuera del alcance de cualquier gerente, padre, profesor, entrenador… incluso del más persuasivo. Tú me puedes castigar o incentivar para que asista a una reunión, sea puntual o cumpla con cualquiera de las exigencias de mi puesto, pero eso no significa que vaya a rendir al máximo de mis posibilidades, ni que vaya a seguir cumpliendo cuando no me veas o no me puedas “controlar”. Quitémonos esa responsabilidad e incluso esa falsa ilusión de control. Si queremos que los trabajadores rindan de verdad, la motivación debe ser interna, surgir de ellos. Los líderes no motivan, solo crean espacios donde la persona es capaz de orientarse a la acción y alcanza desde ahí eso tan atractivo que llamamos motivación.Maslow y Coaching

En la década de los 50, el psicólogo estadounidense Abraham Maslow, junto con Carl Rogers y otros, fue pionero de una corriente que todavía hoy está en vías de sustituir el modelo conductista del “palo y la zanahoria”. En el ámbito empresarial se conoce a Maslow por su pirámide de necesidades humanas.

¿Qué tiene que ver esto con la motivación en el trabajo?

El trabajo satisface nuestras necesidades primarias porque nos proporciona dinero para conseguir alimento, agua, cobijo y seguridad. También nos une en una comunidad laboral en la que se ofrecen ascensos, categorías, niveles salariales y otros beneficios desde los que reclamar la estima de los demás. Hasta aquí, las cuatro necesidades de la pirámide que he marcado en naranja. Pero las crisis económicas, los despidos, la inseguridad laboral, las congelaciones salariales y los precios de la vivienda han llevado a muchos trabajadores a bajar escalones en la pirámide y a ampliar el espectro de las necesidades predominantes en la sociedad actual.

Dar órdenes limita el potencial y desmotiva

En nuestros días ya no nos encontramos en un único nivel de la pirámide. La compleja mezcla de “estilos de pensamiento” y la situación actual nos llevan a ocupar varios niveles simultáneamente que pueden entrar en conflicto entre sí. Esto hace que muchos empleados, especialmente los más jóvenes, se encuentren en las necesidades más altas de la pirámide, las que he marcado en azul, las de autorrealización: necesitan que su trabajo sirva para algo y que tenga significado y propósito; y en las de autoestima: necesitan creer en sí mismos.

Es importante distinguir entre tener la estima de los demás o tener autoestima. El prestigio y el reconocimiento que uno puede conseguir con un ascenso, despacho o coche de empresa no conducen a creer en uno mismo porque son aspectos simbólicos. La autoestima se logra cuando uno se considera digno de poder elegir o decidir.

Este estado de cosas contrasta con el hecho de que en nuestra población activa conviven distintas generaciones: una, todavía anclada en la necesidad de prestigio y reconocimiento, y otra, cada vez más posicionada en la de autoestima. Muchos gerentes no advierten que sus empleados se encuentran en fases distintas y ni se dan cuenta de lo importante que es para estos creer en sí mismos como tampoco de estar perdiendo su respeto. Son jóvenes que no entienden la necesidad de prestigio ni las conductas de ordeno y mando; lo que, a su vez, suele ser motivo de burlas y desprecio.

Crear espacios que fomenten la automotivación

Sabemos entonces que los líderes no son los responsables de motivar pero sí pueden crear condiciones que fomenten la automotivación, donde la comunicación fluya en ambos sentidos, donde los profesionales sientan que se confía en ellos, se atrevan a equivocarse y a aprender, donde se les deleguen responsabilidades y se les implique en las decisiones. Y, ¿por qué no?, lugares también donde se practiquen valores a través de los cuales puedan encontrar significado y propósito a lo que hacen.

Tengamos muy presente que esa misma encuesta Gallup nos habla de un 87% de personas hastiadas y desenganchadas de su empresa. Y, si bien es cierto que, ante la necesidad de seguridad, pocos van a dejar algo tan escaso y preciado hoy en día como es “su puesto de trabajo”, es muy probable que la insatisfacción les esté ahogando y limitando su rendimiento.

¿Nos podemos permitir ese despilfarro? Es aquí donde la herramienta del Coaching se puede convertir en un valor incalculable, en la medida en la que les ayuda a aclarar las propias ideas. Mientras permanezcan confundidos y frustrados, no encuentren sentido ni propósito a lo que hacen, es difícil que puedan dar lo mejor de sí mismos.

Y si te ha gustado, te animo a que lo compartas o añadas algún comentario. ¿Qué crees que podemos hacer entonces para no desmotivar a nuestra gente?

Muchas gracias y ¡Hasta la próxima!

Belén San Miguel

Si quieres ser un buen líder, nosotros te acompañamos. Todos tenemos recursos que si desarrollamos, nos permiten adquirir las habilidades necesarias para convertirnos en líderes eficaces. Para que tus colaboradores rindan de verdad y crees espacios donde cada persona sea capaz de orientarse a la acción y alcance su motivación.

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