• noviembre 15, 2013

Lo que es bueno para mí ¿es bueno para todos?

¿Delegar en otros lo que no quiero para mí?

Lo que es bueno para mí ¿es bueno para todos?

¿Delegar en otros lo que no quiero para mí?

Uno de los principios que siempre he defendido e inculcado a mis hijos ha sido “no quieras para los demás lo que no quieras para ti”. Reconozco que la mayoría de las veces me sirve para ser considerada con el otro o para ponerme en su piel. Me suele ayudar preguntarme: “Si esto que voy a hacer, me lo hicieran a mí, ¿qué pasaría?”. Pues bien, creo que no está de más saberlo, pero reconozco que lo que yo haga o piense tiene un valor solo relativo y no tiene por qué parecerle apropiado a todo el mundo.

Es por lo que, hace tiempo, decidí “bajar este principio de categoría”. Pasarlo de principio absoluto a principio relativo de manera que admita posturas intermedias. ¿A qué me refiero? Pues a esos casos en los que esta idea me pueda llevar a no delegar, a no comunicarme o a incentivar al otro de un modo ineficaz.

¿Qué tiene que ver esto con delegar?

En algunas sesiones cuyo objetivo está relacionado con el hecho de delegar, me gusta utilizar una técnica muy sencilla que consiste en que el participante haga un listado de las tareas diarias y las distribuya en un cuadro de doble entrada: dos columnas para anotar lo que le gusta y no le gusta y dos filas donde escribir lo que hace bien y no hace bien.

Ver las tareas diarias en cuadrantes ayuda a la persona a tomar conciencia de aquello que HACE BIEN y LE GUSTA, esas actividades con las que rinde y es más productiva, “las que le hacen feliz, le vuelven eficaz y con las que se siente en paz”. Y de aquello que NO HACE BIEN y LE GUSTA, tareas que, como nos pasa a todos, no dominamos, pero nos gustan o nos gustaría hacer. Es en este cuadrante en el que uno se plantea qué y cómo formarse para lograr una mayor destreza en aquello que más adelante pasará a formar parte de lo que hace bien, le gusta y en lo que será más productivo.

delegar de un modo eficaz

Las dificultades suelen aparecer en los cuadrantes donde se recogen los “NO ME GUSTA”. Me refiero a aquellas tareas que no son del todo obligatorias pero que se sienten como una obligación. Estos “no me gusta” se refieren tanto  a lo que hago bien, como a lo que no hago bien. En ambos casos, se trata de encontrar a alguien en quien delegar para que haga lo que a mí no me gusta; unas veces enseñándole antes a hacer lo que yo hago bien, y otras pidiéndole que aprenda o haga lo que yo no sé hacer o no hago bien. En definitiva, “querer para otro, lo que no quiero para mí”. Es aquí cuando esa tendencia a pensar que “lo que no nos gusta a nosotros no le gusta a nadie” nos limita para delegar de un modo eficaz.

¿Qué nos lleva a mantener esa idea? ¿En qué nos basamos? Si somos diferentes en habilidades, comportamientos, experiencias, fisiología, aficiones…, si a todos no se nos da ni bien ni mal lo mismo, ¿por qué no puede gustarle a alguien hacer aquello que a mí me disgusta o viceversa? ¿Conocemos realmente a nuestra gente? ¿Sabemos qué le gusta o en qué puede ser cada quien más productivo? A corto plazo, sería entretenido preguntar a cada uno “cómo le gusta el café”, pues nos expondríamos a tantas variaciones como personas a las que preguntásemos pero, cuando se trata de apostar por el valor de la diversidad de la naturaleza humana, un “café con leche estándar” para todos no siempre será la mejor opción.

Desde un punto vista egoísta nos interesa su bienestar, saber lo que es bueno o no para cada uno de ellos con el objetivo de abordar mayores retos, conseguir mejores aportaciones y, en consecuencia, beneficios económicos que redundarán en el conjunto. Somos responsables de actuar para conocer lo que necesita cada uno o puede serle bueno, no vaya a ser que le estemos dando café con leche al que es intolerante a la lactosa o tiene la tensión alta, porque lo que es bueno para mí no siempre va a ser bueno para todos. Pero no tengo por qué suponer de forma categórica que si algo no me resulta atractivo a mí, significa que tampoco le gusta a otro.

Y si te ha gustado, te animo a que lo compartas o añadas algún comentario. ¿Te cuesta delegar lo que no te gusta o no sabes hacer? ¿Crees que le puede gustar a alguien hacer aquello que a ti te disgusta o viceversa?

Muchas gracias y ¡Hasta la próxima!

Belén San Miguel

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